11/05/2017

Mensaje 2017

"Nuestra enseñanza nos dice que existe un Plan Divino y que tenemos una misión conjunta que realizar: colaborar plenamente con ese Plan Divino. Nadie queda fuera de la ley que necesariamente se tiene que cumplir. Nuestra misión, como grupo dentro del gran conjunto humano, es desarrollar la mística del corazón."

 

| Orientaciones que recibimos respecto de cómo hacer vida la renuncia |

  1. Renuncia de gustos

  2. Renuncia de bienes

  3. Renuncia de vida

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Mensaje de Plenilunio 2017 

Los viajes espaciales y los avances tecnológicos han hecho que sea imposible
continuar visualizándonos como un mundo separado. Comúnmente expresamos
esta nueva conciencia diciendo que estamos todos navegando en un mismo
barco. Sin embargo, como humanidad, nos falta mucho para tomar plena
conciencia de que formamos un solo cuerpo místico. Si bien nos damos cuenta
de que no podemos hacer nada que en alguna medida no afecte a los demás,
en general, esta conciencia no prevalece en nuestras acciones y elecciones
diarias. Los grandes grupos humanos coexisten, pero compiten entre sí y temen
ser atacados unos por otros. La carrera armamentista y las luchas políticas y
económicas que ocurren en el mundo de hoy son una clara evidencia de esto.
No obstante, estamos convencidos de que en el corazón de cada ser humano
hay un profundo y sincero anhelo de paz y armonía, de encontrar un camino
hacia la unidad.

Por esto, no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando ver qué
sucede. Cada uno de nosotros tiene que asumir su responsabilidad por esta
situación y trabajar con decisión por la unión de todos los seres humanos.

Nuestra enseñanza nos dice que existe un Plan Divino y que tenemos una
misión conjunta que cumplir: colaborar plenamente con ese Plan Divino. Nadie
queda fuera de la ley que necesariamente se tiene que cumplir. Nuestra misión,
como grupo dentro del gran conjunto humano, es desarrollar la mística del
corazón. Centremos nuestra tarea en expresar nuestro amor a través de una
acción concreta: trabajemos para desarrollar en nuestras almas una actitud de
inclusión que nos lleve a consolidar la anhelada unión. Abramos generosamente
la puerta de nuestro corazón para que nadie quede por fuera.

Recordemos que en la primera etapa de nuestro ingreso al Camino se nos
orienta a renunciar a nuestros gustos. Esa renuncia es el primer paso hacia la
inclusión. El hecho de que nos guste algo implica que otras cosas no nos
gustan, o que nos gustan menos. El identificarnos con nuestros gustos puede
inducirnos a excluir a quienes tienen otras preferencias. Renunciar a los gustos
no es anularlos sino tener claro el lugar que les damos en nuestra vida, de
manera que no limiten nuestras elecciones.

Con nuestros gustos definimos nuestra personalidad corriente. Con ellos nos
diferenciamos, nos distinguimos y de alguna manera nos separamos de los
demás. En general, no solo queremos ser diferentes sino también mejores que
otros. De ahí surgen la competencia, la egolatría, el desprecio, las
comparaciones y las segregaciones, cuando no las guerras y las masacres.

Si queremos realmente cumplir nuestra misión como Hijos e Hijas de Cafh, no
podemos estar limitados por nuestros gustos e inclinaciones. Necesitamos
apuntar al bien común y supeditar otras consideraciones a cumplir este objetivo.
¿Qué sucedería si todos los días dejáramos de hacer algo que nos gusta para
hacer lo que no nos gusta o no nos atrae? Seguramente iríamos descubriendo
cualidades o aspectos favorables donde no los veíamos antes. Es una manera
muy simple de desarrollar una actitud más participativa e inclusiva, de ampliar el
campo de nuestro interés y de expandir nuestra conciencia.

La segunda orientación que recibimos respecto de cómo hacer vida la renuncia
nos invita a la renuncia de bienes. La no posesión es la base de la Economía
Providencial: tomar conciencia de que nada nos pertenece en realidad. Somos
administradores de los bienes de la vida. Esta convicción se traduce
naturalmente en una actitud inclusiva: ningún bien es nuestro para usar en forma
indiscriminada. Cuidamos cada cosa por ser un patrimonio en común, por el
amor que cada cosa merece. Esta conciencia crea una relación muy diferente
con todos los bienes y nos capacita para dar el mejor uso a cada bien que
manejamos, sea material, mental o espiritual. Al tomar conciencia de que todos
los bienes no son propios sino de la humanidad, ni usamos más de lo necesario
ni nos creemos generosos por dar parte de nuestro tiempo, energía y recursos
para quienes los necesitan. La práctica continuada de la economía providencial
va creando en nosotros la capacidad y la fortaleza necesarias para trabajar por
el bien común.

La tercera orientación que recibimos nos induce a la renuncia de vida. ¿Cómo se
implementa, cómo se practica para que nos lleve a ser más inclusivos? Dejando
de vivir únicamente para cumplir nuestros objetivos personales. Esto significa un
cambio de objetivos. Ya no procuramos solamente sentirnos bien, ni buscar una
posición destacada en cualquier ámbito con el objetivo de considerarnos
superiores a otros u obtener poder. Nuestro anhelo es darnos sin pedir nada en
retorno: amar por amar. No esperamos nada más de la vida, que ya nos ha dado
tanto. Solo procuramos devolver para bien de todos lo que hemos recibido, ojalá
multiplicado y enriquecido por lo que hemos podido aprender y elaborar
interiormente.

La inclusión es un proceso. Vamos incluyendo en la medida en que descubrimos
y reconocemos que más de una vez excluimos, discriminamos, nos separamos,
hacemos diferencias por prejuicios. Esto se evidencia en nuestro trato, en
nuestros pensamientos y sentimientos, en nuestras expresiones verbales, en
nuestros juicios, en nuestros criterios y valores. Estando atentos y analizando
cuidadosamente y con ecuanimidad podemos ir reconociendo qué tenemos que
cambiar y dónde debemos ampliar nuestras miras. Aquí es donde la honestidad 
con nosotros mismos juega un papel importante. Es la luz que va iluminando
hasta los rincones más oscuros de nuestra alma para poder avanzar en este
maravilloso proceso de desenvolvimiento.


Para que la inclusión no sea un cambio superficial, un espejismo de nuestra
mente, una mera aspiración, el cambio tiene que estar basado en el
desenvolvimiento espiritual del alma. Hay cosas que nos separan, por ejemplo,
el temor. El temor a perder algo puede hacernos ver a otro como un enemigo,
una amenaza, un peligro. Para superar ese temor basemos nuestra vida en
valores intrínsecos y no en los extrínsecos. Para curar o cuidar a los enfermos,
un profesional de la salud no puede estar temiendo el contagio. Eso no significa
que no tome precauciones sensatas para no contagiarse al hacer su trabajo.
Pero su sentido de ofrenda a las almas y su deseo de seguir ayudando le
permite confiar en la integridad y capacidad de su cuerpo de mantenerse sano
para servir a otros.

La inclusión es el camino que nos permite ir hacia la unidad esencial. Esto no se
logra a través de una ocasional toma de conciencia de lo que somos, ni es algo
de un momento. Exige trascender límites. Creamos límites cuando nos dejamos
llevar por nuestros impulsos para prevalecer, ser más que otros, sobresalir y ser notados.

La inclusión es un proceso maravilloso que espontáneamente acrecienta todas
nuestras posibilidades. Para que algo se integre a nuestra conciencia tenemos
que tomar interés en ese algo. Ese interés nos lleva a poner atención y la
atención nos lleva a aprender, a incorporar información que amplía nuestras
miras. Al comprender lo que ignorábamos se abre una puerta que nos llama a
expandir nuestro amor.

A un niño aún no moldeado por el medio, lo diferente a veces le despierta temor,
agrado o desagrado y, a veces, curiosidad pero no desprecio ni odio. Estos
sentimientos son creados por nuestra mente para prevalecer sobre otros. El
proceso místico, al trabajar sobre el logro de la egoencia, nos lleva a apreciar y a
ver en todo lo creado una expresión de lo divino.

¡Hijos e Hijas de la Divina Madre! ¡Necesitamos vivir en unión, aceptándonos
como compañeros de camino con un único destino: cumplir la misión que nos
atañe en el Plan Divino sobre la Tierra! No hay tiempo que perder. No
esperemos que los demás se integren a nuestro molde. Comencemos por incluir
a quien está a nuestro lado. Sacudámonos la indiferencia, el desamor, el enojo,
la impaciencia, la soberbia, el egoísmo y todo lo que nos separa a unos de los
otros. Atendamos a la voz de nuestra conciencia que nos dice muy claramente
 

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