02/01/2020

El Corazón Celeste | 1952

Cafh - un camino de desenvolvimiento espiritual

Curso: Mensajes I

Narración del texto original de Santiago Bovisio por el  equipo de Cafh

6ª Ens | Mensagem de 1952 | El Corazón Celeste


 


El Corazón Celeste - 1952

En el Cielo Interior del Corazón de la Madre, brillan los Soles de Oro,

brillan las Estrellas Celestes.

Asentad vuestra morada en ese Dulce, Celeste Corazón; sea ese Cielo

vuestra Patria.

Permaneced allí en espíritu de Fe. No con el espíritu de la fe adquirida

por el hábito y la deducción, sino en espíritu de fe de amor.

Sólo aquél que sabe amar de verdad, sólo él puede convertir en realidad

objetiva el Misterio Interior.

Porque el poder de la fe de amor es hacer real lo irreal, hacer posible lo

imposible.

En el Cielo Interior del Corazón de la Madre, brillan los Soles de Oro,

brillan las Estrellas Celestes.

Asentad vuestra morada en ese Dulce, Celeste Corazón.

Permaneced allí en espíritu de Silencio.

Bueno es el Silencio que hace agradable a las Almas, borra con su

discreción las faltas y las manchas de la humana naturaleza, suaviza las

asperezas de los destinos adversos y, sobre todo, hace íntima a la amistad y al amor.

El Silencio es la única Voz del Alma, dada a los Hijos como don de

Amor.

Que todos lleguen aquí; al Cielo Interior de la Madre donde brillan los

Soles de Oro y las Estrellas Celestes.

Nunca sabrá el alma infiel lo que podría haber encontrado al final del

Camino, así como los hombres que toman y dejan incumplido un anhelo nunca sabrán si tenían ellos posibilidad para cumplirlo, y siempre les queda en el alma la amargura del fracaso.

Que todos los Hijos lleguen aquí; pues llegar al cumplimiento de lo que

se ha empezado es el único bien deseable, es la única corona de Fidelidad.

Asentad vuestra Morada Interior sobre el espíritu de Obediencia.

Sólo aquél que cruza el puente de la razón llega al Corazón de la Madre.

Sólo aquél que da su voluntad humana en aras del amor, puede brillar

entre los Soles de Oro y las Estrellas Celestes; sólo aquél que se lanza al vacío de la Conciencia Eterna, es digno de permanecer allí.

Únicamente el Espíritu de Obediencia cumplido a la perfección dará al

alma el tesoro de la Divina Renunciación, de la Gran Realización.

El le dará al alma aquella sobrehumana locura de amor que rompe todo

lazo carnal, deshace toda unión terrenal, quiebra todo compromiso humano;

porque la renunciación es fruto de un encanto incontenible de Amor.

En el Cielo Interior del Corazón de la Madre brillan los Soles de Oro,

brillan las Estrellas Celestes.

Asentad vuestra morada en ese Dulce, Celeste Corazón; sea ese Cielo vuestro Cielo de Amor.

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